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El modelo Statoil

  • lunes, 18 de junio de 2012
  • EnergíaDelSur

Existe una enorme distancia entre los principios éticos y las prácticas concretas de algunas petroleras. Por ello, sería oportuno que el nuevo directorio de YPF definiera el objetivo de construir una empresa nacional con perfil propio

Existe una enorme distancia entre los principios éticos y las prácticas concretas de algunas petroleras. Por ello, sería oportuno que el nuevo directorio de YPF definiera el objetivo de construir una empresa nacional con perfil propio.

Una de las tantas discusiones que habilitó la expropiación del 51 por ciento de las acciones de YPF fue la preocupación que algunos sectores plantearon respecto de la posible injerencia de “la política” en el futuro de la compañía petrolera. Así, por ejemplo, en una nota aparecida en el diario de Estados Unidos El Político, el 15 de mayo de 2012, se afirmaba que la designación de Miguel Galuccio como gerente general de la empresa era una medida insuficiente, puesto que si bien era una señal favorable para los mercados, la cercanía ideológica entre Argentina y Venezuela hacía temer por una politización similar a Pdvsa, la petrolera venezolana. Un argumento más ambicioso que la apelación a la antipolítica es la presentación de una empresa exitosa como modelo a imitar.

Aquí entendemos por modelo a aquello que se toma como referencia privilegiada para tratar de reproducir algo igual o similar. Tal es el caso de la compañía noruega Statoil, mentada como un ejemplo de empresa moderna, eficiente y éticamente irreprochable. Así, en un artículo aparecido en Infobae, el 21 de mayo, Gabriel Salvia manifestaba su extrañeza de que el Gobierno analizara tomar como modelo de YPF a Statoil ya que “un detalle no menor es que Statoil está firmemente en contra de la corrupción”.

Más adelante, ese analista continuaba diciendo que esto se reflejaba en el hecho de que Statoil “lanzara un programa de aprendizaje online de anticorrupción, obligatorio para todos los empleados”. Un listado de los tópicos estudiados incluían cuestiones como la realización de ejercicios interactivos en donde los empleados se entrenaban en el análisis de sobornos, fraude a la empresa, acoso laboral, confidencialidad y conflicto de intereses.

Este perfil de eficiencia y compromiso ético ha seducido también a sectores ligados al gobierno nacional. Por ejemplo, el gobernador neuquino Jorge Sapag manifestó recientemente que “Statoil es el modelo a imitar en el desarrollo en el mediano y largo plazo de la empresa de hidrocarburos neuquina” Gas y Petróleo del Neuquén.

Asimismo, desde otro diario un editorialista manifestaba entusiasmado que “Galuccio pretende replicar en la YPF argentina el modelo de Statoil, la petrolera noruega que asombra al mundo y que se ha convertido en un verdadero caso de estudio por su ética, profesionalismo y competitividad en un mundillo complejo como el petrolero, donde se mueven tantos intereses políticos y económicos”.

La tecnología no sólo trata con variables científicas o tecnológicas, sino que incorpora valores no epistémicos, en particular estéticos y éticos. Estos últimos son aquellos que tienen que ver con lo que consideramos moralmente bueno o malo para realizar tal o cual acción. La disciplina que estudia los valores morales en la tecnología es la ética de la ingeniería. Para la National Society of Professional Engineers, Estados Unidos, la ética de la ingeniería es el estudio de:

  • a) las cuestiones morales y de las decisiones que confrontan individuos y organizaciones relacionadas con la ingeniería;
  • b) los tópicos relacionados con la conducta moral, los ideales y realizaciones de las personas y organizaciones involucradas con el desarrollo tecnológico.


Definiciones similares pueden ser encontradas en diversos libros de textos de ética de la ingeniería los que, además, tratan numerosos estudios de casos organizados en bloques temáticos, que se presentan como novedosos y originales de Statoil. El abordaje de los problemas éticos puede ser hecho desde tres enfoques:
  • a) basado en virtudes;
  • b) basado en las consecuencias;
  • c) basado en reglas.

Este último es el más frecuentemente utilizado en la elaboración de los códigos de ética empresarios. Por ejemplo, el de la compañía petrolera Halliburton describe los estándares de integridad moral que deben aplicar ejecutivos y empleados en las prácticas legales y éticas de la corporación. Como resalta el CEO de la compañía en la introducción del Código: “No hay cualidad más importante que la integridad”. Asimismo, las empresas suelen asociarse en organizaciones que luchan contra la corrupción, principalmente en países en vías de desarrollo. Así, la Extractive Industries Transparency Initiative (www.eiti.org), con sede en Oslo, aboga por implementar estándares que brinden transparencia a la utilización de los ingresos obtenidos por la explotación de los recursos naturales. Conforman esa organización 50 países y 60 megaempresas que aportan fondos para su sostenimiento. Se destacan British Petroleum, Anglo-American, Conoco Philips, Total, Statoil, Petrobras, Exxon Mobil. Existen, pues, principios y códigos éticos y organizaciones.

¿Pero, las prácticas son acordes al marco teórico enunciado?

Halliburton ha sido una empresa severamente cuestionada. Su papel en la guerra de Irak, que se tradujo en millonarios contratos en ese país asiático, dada su vinculación con el ex vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney, está probado más allá de toda duda. Por otra parte, recientemente British Petroleum ha acusado a Halliburton de destruir pruebas que involucraban a ésta en mala praxis de ingeniería en la explotación del pozo Macondo, del golfo de México, cuyo accidente en 2010 causó un derrame que afectó gravemente el medio ambiente de la zona. Por otra parte, la empresa británica Anglo-American fue denunciada por las organizaciones humanitarias War on Want y Human Rights Watch por su complicidad con violaciones sistemáticas de derechos humanos y traslado forzoso de poblaciones, en particular en la República Democrática del Congo.

¿Y Statoil? En agosto del 2011 la compañía se vio forzada a reconocer la violación de las leyes ambientales del estado de Alberta, Canadá, en donde explota un yacimiento de arenas bituminosas (oil sands). Statoil desviaba ilegalmente cursos de agua de diversa procedencia (arroyos, ríos y lagos) con el fin de abastecer su planta de Conklin, ubicada a 350 km de Edmonton, capital del estado. Por este caso las autoridades canadienses le aplicaron a Statoil importantes multas. Statoil también ha participado del negocio petrolero en Irak, donde ganó una licitación para explotar el yacimiento de West Qurna-2, en sociedad con la compañía rusa Lukoil.

Como se sabe, la guerra de Irak fue justificada en su momento por la tenencia de armas de destrucción masiva por parte del régimen de Saddam Hussein. Tiempo después se demostró que las acusaciones estaban basadas en pruebas falsas ya que el real objetivo de la aventura bélica era apoderarse del petróleo iraquí. En Gran Bretaña, principal aliado de Estados Unidos, los fraudulentos documentos elaborados por la inteligencia británica fueron redactados por el equipo de la JIC (Joint Intelligence Comittee). Al frente de la JIC estaba sir John Scarlett, en 2004 ascendido a jefe del servicio secreto MI6. Desde abril de 2011 Scarlett revista como asesor ejecutivo para estrategias globales de Statoil (Upstream, The International Oil & Gas News Source).

Estos ejemplos nos hacen ver la enorme distancia que hay entre los principios éticos y las prácticas concretas de algunas empresas. Por ello, es reconfortante percibir en el nuevo directorio de YPF una tendencia a construir una empresa nacional con perfil propio, con un razonable equilibrio entre técnica y política y sin modelos a copiar

fuente: Vladimir Cares | Página12
-Ingeniero, secretario académico Facultad de Ciencias del Ambiente y la Salud, U.N. del Comahue.
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